26.11.2009
De verdad que me cuesta escribir este artículo. No porqué no sepa que decir, que hay mucho, es porque no quiero poner los dientes largos a nadie. Y me refiero a los que no estuvisteis allí, porque visitar Bodegas Francisco Remírez de Ganuza es, al aficionado al vino, lo que visitar El Louvre, el Moma o el Guggemheim al aficionado a la pintura o la escultura y hago esta comparación porque esta bodega es, en esencia, otro edificio que alberga arte, el arte de hacer vino. Y prueba de ello son todas sus obras, desde el R punto hasta el Maria Remirez de Ganuza sin olvidar por supuesto el espectacular Trasnocho.
Salimos tarde de Alicante y eran tal las ganas de llegar que nos fuimos turnando al volante para hacer las menos paradas posibles, llegamos a Samaniego a las 22 horas aproximadamente. Llegando a la pequeña población ya se respira el ambiente, el vino…. un pueblo rodeado de viñedo y cuadrillas de temporeros paseando arriba y abajo por calles angostas. Dejamos los trastos en el hotel y nos desplazamos a La Guardia a cenar. Nos recomiendan el Rte. El Bodegón, un sitio acogedor, excelente servicio y mejor comida. Después de cenar vuelta al hotel, había que estar frescos para el día siguiente.
El sábado amanece con una intensa niebla y frio. El hotel Palacio de Samaniego está justo enfrente de la bodega, así que para estirar un poco las piernas damos un breve paseo por la villa. Samaniego es un pequeño pueblo de origen medieval y de menos de 400 habitantes situado al sur de Alava, en pleno corazón de La Rioja Alavesa a 572m. sobre el nivel del mar y resguardado por la Sierra Cantabria. Tiene una extensión de aproximadamente 11 km. cuadrados y huelga decir que su economía se basa en la viña y el vino. Si vais por allí no dejéis de visitar la Casa Rural La Molinera Etxea, con una impresionante fachada de piedra de sillería y que data del siglo XVII.
Después del paseo nos vamos acercando a la bodega. Situada en pleno centro de la población, entre la iglesia y el ayuntamiento este edificio está totalmente integrado arquitectónicamente en su entorno. No en vano, para su construcción, se utilizaron materiales de derribo de edificios locales del siglo XIX. Pero que nadie se lleve a engaños porque esta fachada encierra una de las bodegas más modernas de España. Este detalle no es más que otra seña de identidad de Francisco Remirez, la elaboración de vinos de corte moderno, casi vanguardistas pero con la sensibilidad y el respeto a la historia de la zona en que se producen y sin olvidar las más modernas técnicas de elaboración.
En la puerta nos recibe Miguel Gavito, quien junto a Francisco Remírez nos hará de guía en todo la jornada. Desde el momento en que pones un pie en el patio principal ves claramente cual va a ser la tónica en cada rincón de la bodega, limpieza y pulcritud, pero limpieza con mayúsculas. Estamos a primeros de Octubre y La Rioja está en plena vendimia, pero aquí parece que no ha entrado un solo grano de uva. El suelo del patio esta impecablemente limpio porque aquí nadie está sin hacer nada y mientras se espera que otro tractor cargado con pequeños cajones de 12 kilos atraviese el portón de entrada, algún empleado, manguera en mano se ocupa de que no quede una sola gota de zumo en el suelo que pueda provocar un mal olor a podrido. Me gusta ver a Fernando (espero que me disculpe las confianzas) como el Da Vinci del vino. Este señor no solo dibuja grandes vinos, además inventa magnificas maquinas para conseguir su cometido (o al menos las modifica para hacerlas más efectivas). Empezando por la lavadora donde, una vez vaciados en la planta de arriba, y por un columpio van cayendo los cajones y uno a uno son lavados y apilados para volver al viñedo.
En el mismo patio se recepcionan los cajones de uva y una vez paletizados se depositan en una cámara donde a una temperatura de entre 4 y 6 grados esperaran su turno sin peligro de que empiecen las fermentaciones y así pasar a la mesa de selección, situada en una planta más arriba en las mejores condiciones. Subimos hasta allí y lo primero que llama la atención es la cantidad de gente que trabaja en esta sección. Hasta nueve personas se encargan de que al final, solo los mejores granos vayan a parar al depósito de fermentación. La banda selectora cuenta con cinco tramos en donde se realizan cinco procesos de desechado en un continuo sube y baja. Es en este punto del proceso de elaboración es donde esta bodega riza el rizo en la selección de la materia prima, separando los hombros del racimo para los reservas y las puntas para el vino de maceración carbónica, el R punto. En esta sala, limpieza y más limpieza.
Bajamos y de camino a la sala de barricas nos presentan “el archivo” de la bodega, un pasillo que alberga varias decenas de cada añada que la bodega ha sacado al mercado y que apiladas unas sobre otras conforman la breve historia de la bodega. Pasamos por lo que en breve será la tienda de la bodega, otro alarde de modernidad integrado en muros de piedra, y finalmente accedemos a la sala de crianzas. Dependiendo del año, esta sala alberga entre 800 y 1.000 barricas, siempre barrica nueva, el 80% de roble francés de las cuales cinco de ellas de la tonelería Taransaud son destinadas a alojar el María Remirez de Ganuza. Esta tonelería que data de 1.672 y está situada en la región de Cognac, es considerada una de las mejores de Francia. Estas barricas denominadas T5 (tiempo de secado 5 años) solo se proveen por cupos y no todas las bodegas tienen el privilegio de acceder a ellas. Llaman la atención 10 barricas por su tamaño, barricas de 300 litros de roble americano y traídas de Australia……. Y aquí reposa entre otros el que para el prestigioso periodista francés Michel Bettane, colaborador habitual de Le Monde, Decanter y The World of fine Wine, e ideólogo del término “vin de garage”, es “el mejor Rioja que podemos encontrar hoy”, Trasnocho.
En este punto de la visita ya empieza a apetecer catar los vinos, para esto nos trasladamos a una sala que la bodega destina a tal efecto. Empezamos haciendo una cata comparativa de R Punto Blanco 2007 y 2008 después, continuamos catando la gama de tintos.
Se hace la hora de comer y volvemos al Hotel Palacio de Samaniego. Un pequeño y acogedor restaurante donde hay dispuestas dos mesas para los invitados de la bodega. Después de disfrutar de un delicioso menú regado con los vinos de nuestro anfitrión, Francisco nos habla de sus orígenes, de cómo empezó todo. De la construcción del edificio de la bodega, de las dificultades que tiene una obra de este calibre en el centro de un pequeño pueblo con más de 400 años de historia. De que cuando empezaron a perforar y a solo tres metros ya apareció piedra viva, la imposibilidad de utilizar ningún sistema agresivo para profundizar (nos juro que las grietas del torreón de la iglesia ya estaban allí cuando el llegó)… en fin, de un montón de cosas. Y de la viña, que es de lo que a él más le gusta hablar porque de viña este hombre sabe, y mucho.
Así que Francisco nos lleva al origen, a la viña. Antes que bodeguero, Francisco Remírez fue tratante de viñas en la Rioja, esto le coloco en una situación privilegiada para hacerse con las mejores parcelas y adquirir un profundo conocimiento de la viña vieja de la zona. Samaniego, Leza, El Ciego y La Guardia son las localidades en las que se reparten sus casi 60ha. de parcelas en las que en el 90% se cultiva la Tempranillo. El resto, Graciano y algo de Garnacha. Cepas con una edad media de 60 años, siendo las más jóvenes de 30 y las más viejas de 96 años.
Si la selección que se realiza en bodega para la elaboración de los vinos es exhaustiva, no lo es menos en el viñedo. Después de la entresaca, que consiste en aligerar de hojas y racimos la cepa para que estos no se agolpen unos con otros consiguiendo una mayor exposición al sol y al aire, y una vez se va a proceder a la vendimia, un segundo filtro deshecha todo racimo que exceda de peso, aproximadamente el kilo o los que tengan uva que no esté completamente sana. Un cuidado de la viña excepcional, una selección rigurosa y exigente y un oficio impecable porque de otra manera seria imposible llegar al estándar de calidad del que goza esta bodega.
Para Remírez de Ganuza trabajan dos familias portuguesas desde hace varios años, gente de mucha confianza hasta el punto de que Francisco es padrino de alguno de los niños de estos. Esto garantiza a la bodega contar con mano de obra profesional y que sobre todo conoce y entiende la filosofía de la bodega. Aquí vale la pena pecar por defecto que por exceso a la hora de decidir que racimo va al cajón de 12 kilos esta norma la marca el estricto sentido de calidad.
Las parcelas están claramente diferenciadas y bautizadas, pero de la que Francisco se le ve más orgulloso es de “Viña Coqueta”, de donde sale la materia prima del María Remirez de Ganuza. Y después de visitar esta parcela, retomamos el camino hacia la bodega para despedirnos e iniciar viaje hacia Alicante.
Personalmente vuelvo impresionado. Impresionado por la región; tierra de vinos en todos los sentidos. Impresionado por la bodega y todos los que allí conocimos; cada trabajador con el que hablabas se le veía envenenado de la misma pasión y cariño por el proyecto y el producto. E impresionado por el responsable de todo esto; oir hablar a Francisco Remírez de Ganuza del campo, del viñedo, del vino y la pasión con que vive su obra es digno de admiración.
Habréis echado en falta comentarios sobre si los vinos están muy buenos, que si aromas de tal o retronasales de cual. Pero es que no hay palabras, así que os esperamos en BODEGA SELECCIÓN Italia, 4 de Alicante o San Bartolome, 101 de El Campello para que os hagáis con alguna botella y pongáis vosotros las palabras, además a propósito de la visita Francisco tuvo el detalle de hacernos una propuesta muy interesante con un lote a un precio especial para que podáis degustar sus Vinos, la tienes en el siguiente enlace de nuestra Tienda On Line.
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